El diseño de sistemas de control de tráfico que reduzcan emisiones sin sacrificar fluidez es uno de los retos más complejos en movilidad urbana. Los enfoques tradicionales basados en tiempos fijos o en reacciones simples ante colas de vehículos suelen generar comportamientos inestables o subóptimos. Una alternativa prometedora consiste en emplear técnicas de inteligencia artificial, en concreto aprendizaje por refuerzo profundo, para entrenar semáforos que aprendan a equilibrar el paso de vehículos con la minimización de paradas y arranques, fuente principal de contaminación. La clave está en definir una función de recompensa que no solo castigue la congestión, sino que premie el mantenimiento de un flujo continuo, algo similar al concepto de momentum en física: incentivar que los vehículos sigan en movimiento en lugar de detenerse por completo. Este tipo de aproximación, que denominamos recompensa basada en momentum, permite que el agente de control desarrolle políticas más estables y con mejor relación entre rendimiento del tráfico y emisiones de CO2. Implementar estas soluciones requiere un desarrollo tecnológico sólido, desde la simulación de entornos urbanos hasta el despliegue en sistemas reales. En Q2BSTUDIO ofrecemos IA para empresas que permite diseñar y entrenar agentes inteligentes adaptados a problemáticas específicas como la gestión de semáforos. Combinamos esta capacidad con servicios cloud AWS y Azure para escalar las simulaciones y procesar grandes volúmenes de datos en tiempo real. Además, integramos herramientas de inteligencia de negocio como Power BI para visualizar indicadores de rendimiento, y aplicamos ciberseguridad para proteger la infraestructura crítica de los sistemas de control. La creación de estos modelos también se beneficia de aplicaciones a medida y software a medida que personalizan cada capa del sistema, desde la adquisición de datos hasta la lógica de decisión. Los agentes IA resultantes actúan como sistemas autónomos que ajustan fases y tiempos sin intervención humana, mejorando la experiencia del conductor y reduciendo la huella ambiental. Entender que una recompensa bien diseñada puede cambiar radicalmente el comportamiento de un semáforo abre la puerta a ciudades más limpias y eficientes, donde la tecnología no solo gestiona el tráfico, sino que lo hace de forma sostenible.